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Paula Badosa y el drama mental que atraviesa: «Hay voces que no deberían estar ahí»
Paula Badosa volvió a poner sobre la mesa un tema que muchas veces se pasa por alto en el circuito profesional: la salud mental

Paula Badosa volvió a poner sobre la mesa un tema que muchas veces se pasa por alto en el circuito profesional: la salud mental. En una charla profunda, la ex número 2 del mundo confesó que convive con pensamientos intrusivos y una autoexigencia que, por momentos, se vuelve insoportable. «Hay voces en mi mente que no deberían estar ahí», lanzó la jugadora.
«Quiero volver a competir contra las mejores del mundo, eso es lo que me hace feliz. Ahora mismo no estoy en mi mejor momento emocional»
El peso de la mente en el alto rendimiento
Para entender este presente, hay que analizar el calvario de lesiones que la española viene arrastrando en las últimas temporadas. Tras pelear en la cima del ranking y demostrar un nivel de juego dominante, los problemas físicos minaron su confianza y la obligaron a recalcular su carrera. Esa transición de ser una candidata fija en cada torneo a tener que luchar contra su propio cuerpo generó un desgaste emocional que hoy decide compartir con el público.
“Es muy mental. Cuando entro en esa dinámica negativa, mi tenis baja muchísimo: cometo más errores, estoy más tensa, me muevo más lento… Cuando estoy bien mentalmente, todo fluye. Entrenando juego muy bien, pero en competición cambia, y ahí empieza la batalla mental»
Este testimonio no es un hecho aislado, sino que se suma a una tendencia donde las figuras del deporte priorizan la transparencia humana por sobre la imagen de invencibilidad. Badosa explicó que, aunque intenta enfocarse en su saque y en recuperar su mejor drive, la batalla más dura ocurre en los descansos, cuando la presión del entorno y las expectativas propias empiezan a jugar su propio partido.
El apoyo del entorno y la mirada profesional
La española remarcó que está trabajando para silenciar esos pensamientos negativos, aunque admite que es un proceso lento. El tenis es un deporte solitario por naturaleza y, cuando los resultados no acompañan, esa soledad se potencia. La clave ahora será ver cómo traduce este desahogo en su juego sobre el polvo de ladrillo, una superficie que le exige una resistencia mental y física superior a cualquier otra.
«Tengo muchas ganas de la tierra batida, me encanta jugar en esa superficie. Ahora mismo juego lo que toque, es un proceso, a veces hay que dar pasos atrás para luego dar muchos hacia adelante”.











