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Arthur Rinderknech, subcampeón orgulloso: «La estrella brilló más para Valentin»

Arthur Rinkdernech se mostró feliz, pese a haber sufrido una derrota en la final del Masters 1000 de Shanghai.

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Arthur Rinderknech, subcampeón del Masters 1000 de Shanghai, reconoció que el desgaste de la semana le pasó factura en la final ante su primo, Valentin Vacherot. Sin embargo, priorizó el logro familiar y el nivel superlativo de su oponente.

«Físicamente, estoy agotado, no lo puedo negar. La preparación para la final no fue la mejor. Creo que me quedé dormido sobre las 3:30, así que la noche fue corta. El partido contra Medvedev en semifinales me dejó exhausto; es un oponente que te hace trabajar muy duro para conseguir cada punto», comentó Rinderknech sobre la exigencia del calendario.

https://twitter.com/ESPNtenis/status/1977395260083839449

Rinkdernech reconoció que la épica es del campeón

A pesar del cansancio, el francés se apuró a destacar que la victoria de Vacherot fue merecida y no un regalo. «Pero no fue por eso que perdí: Valentin estuvo extraordinario. Estoy muy orgulloso de él, de lo que hizo, de todo lo que mostró esta semana», aseguró.

Rinderknech destacó la conexión familiar que rodeó toda la semana, un evento único en la historia de los Masters 1000. «La pequeña estrella que brilló sobre nosotros brilló un poco más a su lado esta noche. Me alegro por él, por Benjamin Balleret, por sus padres, mi tía y toda la familia. Sobre todo, eso es lo que queda», remarcó el subcampeón.

https://twitter.com/ESPNtenis/status/1977401284291354983

El costo físico de una semana inolvidable

El camino a la final para ambos fue durísimo, en un torneo marcado por las altas temperaturas. El francés, que venía de vencer a figuras como Alexander Zverev y Daniil Medvedev, analizó cómo se distribuyó el desgaste.

«Han sido dos semanas excepcionales. He vencido a tantos jugadores muy fuertes, uno tras otro. Hoy, probablemente me faltó un poco de frescura. Valentin jugó el jueves, sábado y domingo, mientras que yo jugué el viernes, donde puse mucha energía, el sábado, terminando muy tarde, y luego el domingo», detalló. «Jugué tantos partidos en un espacio de tiempo muy corto, sin mencionar que las condiciones de calor y humedad pusieron una tremenda tensión en nuestros cuerpos«.

Rinderknech cerró su análisis remarcando el carácter irrepetible de lo ocurrido: «Algo así no volverá a ocurrir, nunca más en la historia. No solo en este siglo, sino en la historia misma. Lo que ocurrió no puede volver a ocurrir. Es magnífico, excepcional. Hablaremos de este momento sentados en un banco cuando seamos dos ancianos de 80 años«.

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