Graf, Sabatini, Key Biscayne y un título para el recuerdo

La península de la Florida empezaba a despedir su “invierno” en marzo de 1988. El circuito tenístico hacía poco había empezado su rodeo para aquella temporada, consagrando a la alemana Steffi Graf y a el sueco Mats Wilander en el abierto australiano, allá por enero de aquel año.

Graf venía de consagrase campeona mundial, destronando a la eterna Martina Navratilova la temporada anterior. Lucía su número uno con todo su esplendor para aquellos que quisieran apreciarla. Sin embargo, por aquel tiempo, alguien se interpondría en sus planes iniciales aquella
temporada. Nos referimos a nuestra gran Gabriela Sabatini, su eterna rival y, curiosamente, su compañera de dobles por aquella época.

A comienzos de aquel marzo, mientras la primavera pujaba por hacerse sentir y ver, Gabriela lograría vencer a su clásica rival por 1ra vez en el torneo del Virginia Slims of Florida (más conocido para nosotros como Boca Ratón) rompiendo así una racha de 11 victorias consecutivas de la alemana ante la argentina. El nuevo duelo generacional de aquellos tiempos prometía y mucho. “Gaby” se encaminaba a convertirse en la gran rival de Graf por la pelea del liderazgo del tenis femenino.

Las expectativas eran muchas, sobre todo porque a la semana siguiente, se jugaba un torneo de gran relieve como era el de Key Biscayne (El Lipton international players championship como se lo conocía aquellos años) hoy conocido como Miami Open.

Todos los especialistas auguraban un gran torneo en la rama femenina con Graf, Evert y Sabatini como principales candidatas en la rama femenina. Gabriela llegaba con un gran nivel, como ya se mencionó, sin embargo un factor clave haría trizas los pronósticos previos. Nuestra compatriota
llegaba al Lipton más que saturada, ya que en el certamen previo, no solo había vencido a Graf, sino que también a la mismísima Chris Evert en la semis (por 1 ra vez en los enfrentamientos entre
ambas).

Fue así que Gaby “apenas” alcanzó a llegar a octavos de final para caer frente a una de sus “sombras tenísticas” y amiga Mary Joe Fernández. (No sin antes haber vencido por la 2 da rueda a una pequeña y prometedora Mónica Seles). La rama femenina de aquel torneo se quedaba, abruptamente, sin una de sus preferidas, pero el talento y la magia de Gaby no podían evaporarse sin pena ni gloria a días de la primavera por aquellas latitudes.

Quizás, intentando reflorecer, Gaby nos tendría asombrados unos días más (fiel a su estilo). Junto a su gran rival, Graf, ambas producirían una actuación descollante en la prueba de dobles. En un acontecimiento que probablemente no se haya valorado en su momento. El singles ha opacado,
casi siempre, la prueba de dobles restándole méritos a una incontable cantidad de jugadores/as que supieron divertir y apasionar a miles de espectadores a lo largo de la historia.

Miami y su público parecían no querer desencantarse. Ocean Drive, en complicidad a los incansables edificios Art decó, típicos de aquella parte de la ciudad, parecieron entretejer una estratagema para que Gaby junto a Steffi siguieran iluminando, al menos por un tiempo más, aquella urbe tan adepta a tantos.

La dupla germano/argentina salía como 2da preclasificada. Graf y Sabatini hacía un año y medio que jugaban juntas con muy buenas actuaciones (finalistas de Roland Garros 86,87 y semis en el Us Open 86,87, además de conquistar 3 títulos juntas) tanto el mejor drive como el mejor revés del circuito de aquel entonces conjugaban fuerza y, desde ya, muchos admiradores.

Miami no podía ser la excepción. La aventura en aquel certamen comenzó enfrentando por la 1 ra rueda a Holikova/Torres, dos juveniles que quizás aún hoy recuerden el “torbellino” que tuvieron que enfrentar a pesar de no
ser todavía temporada de huracanes en aquellos lares. El resultado fue 6-1, 6-2 con la contundencia que indica el marcador. Ello les permitió acceder a jugar ante Balestrat y nuestra entrañable Mercedes Paz (actual capitana del equipo de Fed Cup).

Allí la labor de nuestras protagonistas fue algo más apremiada ya que tanto “mecha” como su compañera eran eximias doblistas y así lo reflejó el score: 6-4, 6-4. La copa de cristal, tan típica de los torneos en aquellas
regiones parecía materializarse cada vez más, si bien aún faltaba un gran tramo hacia las rondas finales.

La tercera rueda no trajo mayores complicaciones para la juvenil pareja ya que la británica Durie y su compañera Walsh nada pudieron hacer frente ellas. La victoria sería por 6-2, 6-0.

Los cuartos de final aparecían como algo más complejo. La mítica Evert junto a su amiga australiana Turnbull las aguardaban con gran confianza, ya que dicha dupla venía de ser finalista en el Australian Open cayendo ante las insuperables Navratilova/Shriver. En otra gran demostración, Gabriela y la alemana lograron sortear el difícil escollo por un más que
convincente 6-1, 6-4. Así igualaban la actuación que habían tenido un año antes en el mismo torneo.

A esas alturas del certamen, comenzaban a proyectarse como las favoritas para llevarse el título, sobre todo porque la primer dupla preclasificada, Kohde/Sukova caía en cuartos de final.
Por otra parte, Graf, en singles, se perfilaba para llevarse su segundo título consecutivo en Miami y solo la norteamericana Chris Evert podría presentarle cierta batalla en la final.

Loable lo de Graf que, fiel a su estilo, no se conformaba con sus grandes producciones en singles sino que apostaba al dobles también, secundada por toda la plasticidad que tenía Gabriela para desenvolverse en el juego de red.

En semis debían enfrentar a una dupla especialista en dobles: Lori McNeil y Betsy Nagalsen. Tras un 1 er set jugado a la perfección, en donde Graf/Sabatini se impusieron por 6-1, vino un cierto dejo por parte de las favoritas que, combinado con una mejoría sensible de sus rivales, dio como
resultado un segundo set cerradísimo en donde finalmente la juvenil dupla lo obtuvo por 7-6.

Estaban en la final, en uno de los torneos más importantes del circuito. Ya habían estado en finales importantes, pero a dicha pareja les faltaba, aún, un título de “los grandes” para terminar de consagrarse como una excelente dupla. Miami era la oportunidad y así la encararon.

Graf, como ya se dijo, el día previo a la final de dobles, se había consagrado campeona venciendo a Evert por 6-4, 6-4 ( y pensar que 10 días antes, ¡Gaby las había vencido a ambas!).

El partido final se programó para jugarse luego de la final de caballeros (en donde Mats Wilander triunfaría sobre “Jimbo” Connors). Sus rivales, en esta ocasión, serían otras dos excelentes jugadoras: Gigi Fernández y la morena Zina Garrison. Partido muy difícil, a priori, ya que ambas conformaban una
dupla mucho más experimentada (a pesar de no jugar seguido juntas) con un claro manejo en el juego de red. Sin embargo, el partido había que jugarlo.

Mientras el sol, poco a poco, comenzaba a despedirse, las cuatro finalistas salían al court central para lo que sería un digno partido propio de un evento de esas características.

La clave del partido estuvo en el 1 er set, en donde ambas parejas se mostraron muy sólidas, intentando llevar adelante cada una su plan de juego. Fernández y Garrison apostaban a su gran coordinación en el juego de red, mientras Gaby y Steffi lo hacían a sus grandes devoluciones de saque. Gaby era la que llevaba el equipo a cuestas, ya que era quien solía cruzarse y cubrir a su compañera. La paridad era tal que hubo que definirlo en el tie break y allí la dupla germano/argentina por una mínima diferencia logró llevárselo por 8-6.

El 2 set traería algo más de respiro y finalmente Graf y Sabatini se lo llevarían por 6-3. Ambas ganaban su primer gran título juntas (luego vendría Wimbledon ese mismo año) el score final fue 7-6(8-6) y 6-3.

Campeonas sin perder set alguno. Los aficionados no podían pedir más. Se deleitaron con 4 jugadoras que supieron revalorar la
categoría de los dobles. Gabriela luego de la final declaraba: “Aunque muchos hablan de rivalidad, con Steffi mantenemos una excelente relación. Yo me divierto mucho jugando doble con ella”.

Así se cerraba una semana magnífica para las dos jugadoras que prometían coaptar el interés general del circuito femenino por aquellos años. Para Graf, el preanuncio de una temporada que sería fantástica para ella, y para Gabriela, además de un consuelo por su floja actuación en singles, el aliciente de saber que ella se presentaba como la firme contendiente a presentarle, más no sea, una tenaz lucha a su compañera de dobles por la lucha de la cima mundial.

Bien vale la pena rescatar en el tiempo este tipo de actuaciones de nuestro tenis argentino, quizás algo olvidado, pero que engrandecen la historia, en este caso de nuestro tenis femenino, y que sirva para estimular a las nuevas generaciones, más allá de los grandes triunfos en singles.

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