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La reinvención de Federer

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El mejor tenista de la historia, también tuvo que reinventarse para seguir vigente a sus casi 39 años.

Para hablar de esta reinvención del suizo, nos tenemos que trasladar al año 2017, donde Roger Federer resurgiría de las cenizas como el Ave Fénix. Si ya a esa altura era el mejor de todos los tiempos ¿Por qué reinventarse a los 35 años?

Para ese año el nacido en Basilea ya era el tenista con más títulos de Grand Slam, con 17 en total. Pero, luego de un 2016 de lesiones, la cabeza de Federer estaba puesta en un regreso a lo grande en 2017. Y vaya que cumplió.

El primer cambio que implementaría el suizo seria el cambio de raqueta, con la particularidad que lo iba a hacer en 2016, pero las lesiones no lo permitieron. Es por esto, que su a fiel “amiga” fue más ligera y con un marco más grueso. Lo que le aseguro una zona de mayor impacto y fuerza sobre la pelota.

La leyenda continua. Foto: ATP TOUR

Y el propio protagonista habló sobre su cambio de raqueta: “Mi vieja raqueta me ayudaba muchísimo a mi slice. También a mi derecha. Pero con esta nueva soy capaz de encontrar mucha más potencia y encontrar el golpe de forma más sencilla”.

Pero, el punto más importante para cambiar, era la parte física y lo que implemento Federer fue acortar los puntos. Y de esta forma, el desgaste iba a ser menos. El cual lo demostró en los primeros torneos de dicho año, donde cerca del 80% de los puntos no superaban los cinco golpes.

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El resurgir de la leyenda

El “renacer” de Federer seria en el Abierto de Australia, donde mostró un nivel superlativo a lo largo del torneo. Sorprendiendo y deslumbrando a los amantes de este deporte.

Venciendo en una final épica a su gran rival de carrera, Rafael Nadal, la leyenda estaba devuelta y para triunfar en grande. Y su gran momento lo confirmaría conquistando los Masters 1000 de Indian Wells y Miami de manera simultánea. Dejando en evidencia un arranque digno de Roger. De película.

Foto: ATP

Pero, sin dudas que el plato fuerte de ese año sería la conquista de su octavo título en el All England. El patio de la casa de Federer, Wimbledon. Donde el título le fue esquivo desde el 2012 en adelante, pero que mejor manera de confirmar un regresó a lo grande que levantar el trofeo que más desea.

Y así fue, Roger Federer conquistaba una vez más el trofeo más antiguo del circuito, el de más prestigio y el que es sinónimo del suizo. El rey tenía en manos su “corona” y así demostraba que la edad no importa, que para ser el mejor hay que cambiar y volver más fuerte que antes.

Finalmente, su majestad demostró que a los 35 años podía seguir vigente y competir en la élite del tenis. Esa temporada jugó un total de 59 partidos, dejando un balance de 54 triunfos y solo cinco derrotas. Además, levantó siete títulos durante ese año y de esta manera, confirmo por qué es el más grande de la historia.

Desde aquel año, la carrera de Federer cambio para siempre y para bien. Dejando de lado las múltiples lesiones, volvió mejor que nunca y así se mantiene a los 38 años. Compitiendo con los mejores y por qué no imaginarnos que el 2021 volverá como aquel glorioso 2017.

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